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Jung Gwang-Il, el activista que bombardea Corea del Norte con películas de Hollywood

Reportaje publicado en el número del 16 de abril de 2016 de la revista XL Semanal, suplemento dominical del grupo editorial Vocento.
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Entrevisté a Jung Gwang-Il en marzo de 2017, durante el Internet Freedom Festival celebrado en la ciudad española de Valencia. Por alguna razón que desconozco, su visita no apareció en ningún medio nacional aquellos días.
Su historia fue publicada en la revista impresa XL SEMANAL.
Esta es la entrevista completa de aquel encuentro en el que el ahora activista norcoreano, desde su refugio en la vecina Corea del Sur, quiere acabar con el régimen del país del programa nuclear con un arma aparentemente inofensiva: películas de Hollywood.

 

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<<Nació en China en 1963 a donde sus abuelos emigraron en los años 30. Pero durante la Revolución Cultural de Mao, el padre de Jung, un profesor, fue llevado a un campo de concentración. La familia entera sufrió las consecuencias y su madre los volvió a llevar a Corea del Norte en 1969, donde él mismo acabaría en un campo de trabajo. Huyó del país en 2003. Ahora vive en Corea del Sur, donde es profesor y uno de los activistas más temidos por el régimen norcoreano. Y es también un ilusionado abuelo a sus 53 años.>>

¿Cómo recuerda sus primeros años de vida en Corea del Norte?

Cuando vivíamos en china nuestra vida era muy difícil, recuerdo que en mi familia solo podíamos hacer dos comidas al día. Cuando escapamos a Corea del Norte, nos sentimos muy bienvenidos por su gente, recuerdo que vivíamos mejor, por lo menos podíamos comer arroz blanco.

¿Escuchó alguna vez algo negativo del régimen durante su tiempo en el país?

Durante mis años allí no recuerdo ningún tipo de ataque o tan siquiera crítica hacia el sistema norcoreano. Era un contexto en el que simplemente creíamos en lo que nos decía el régimen y no pensábamos que pudiera haber ningún motivo para criticarlo.

Pronto empieza su relación laboral con el gobierno.

Comencé a trabajar para el Estado una vez que cumplo con mis servicios en el ejército, en 1989. Consigo un trabajo en una de las empresas de comercio exterior estatales, la cual me permitió comenzar a viajar a China.

¿Qué otros privilegios le reportó este puesto de trabajo?

Este trabajo me permitía vivir mucho mejor que el resto de ciudadanos norcoreanos. Por ejemplo, teníamos acceso a mejor comida, podía traer para mi familia mucha carne de China, lo que para los norcoreanos era impensable. Especialmente en los años noventa cuando el país atravesaba una terrible hambruna. Pero también traía dispositivos productos electrónicos chinos a los que tampoco tenían acceso muchos norcoreanos. Así que sí, teníamos una condición más privilegiada.

Circula una anécdota sobre usted acerca de un Mercedes regalo del propio entorno del líder coreano?

Sí, en aquella época ni siquiera la gente con dinero podía acceder a coches lujosos de importación como un Mercedes Benz. Yo sí.

Tras crecer en el hermetismo norcoreano, cuáles son sus impresiones al entrar en contacto con personas y cultura china?

Fue bastante impactante cuando entré en contacto con empresarios chinos y especialmente surcoreanos. Me di cuenta de que sus gobiernos no eran tan cerrados o controlados como el nuestro. Personas que por ejemplo criticaban a sus lidres o sus gobiernos, y fue cuando me di cuenta de que tenian mas libertad que yo. Para mí fue una gran sorpresa sentir eso.

Pero llega un día que la buena vida se corta inesperadamente. ¿Cuándo se produce ese cambio?

Los trabajadores de compañías comerciales estatales recibíamos tres meses de formación específica, que era prácticamente como un lavado de cerebro en el que nos advertían, por ejemplo, que no podíamos relacionarnos con personas del gobierno o ciudadanos de nuestro enemigo Corea del Sur. Sin embargo, las cuentas de la compañía y la presión por tratar de alcanzar los niveles de ingresos que supuestamente teníamos que aportar al régimen, me llevan a entrar en contacto con un empresario surcoreano, [a quien mi compañía vendía el producto a través de un intermediario chino que se llevaba un alto porcentaje].
Pero lamentablemente, uno de mis trabajadores, un compañero, me denuncia a las autoridades por haber tenido contactos con empresarios surcoreanos. El 22 de julio de 1999 me detienen acusándome de ser un espía para Corea del Sur.

En cierto sentido sí violé las leyes del país porque se suponía que no podía tener ningún contacto con personas surcoreanas y sí los tuve. Así que para los ojos del gobierno sí había cometido una ilegalidad, pero lo peor fue que me acusaron de espionaje.

¿Recuerda ese momento de la detención?

Por su puesto el tiempo que pasé con los agentes del ministerio de seguridad nunca lo olvidaré. Mi encarcelación y las torturas de los agentes del Ministerio de Seguridad de Estado (MSS, por sus siglas en inglés) nunca desaparecen de mi mente, esta pasada noche mismamente no podía dejar de pensar, me vienen flashbacks de esos momentos.

Qué tipo de métodos utilizan estos agentes?

El día de mi detención me apalearon con palos de madera, directamente perdí todos mis dientes. Ahora tengo todo implantes. Me torturaron primero con descargas eléctricas y con agua hirviendo hasta que perdí el conocimiento. Cuando desperté comenzaron de nuevo con las torturas, me ataron las manos a la espalda con los brazos flexionados, el ‘método del gorrión’, en una postura en la que no puedes ni levantarte ni sentarte ni tumbarte. Utilizan este tipo de torturas para tratar de arrancar confesiones a los detenidos.

¿De dónde sacaba las fuerzas para sobrevivir a semejante tortura?

No las tuve. De hecho no fui capaz de superarla y terminé por confesar los cargos. Mentí, dije que era un espía para terminar con la tortura.

Llega entonces la otra parte de la tortura: su estancia en uno de esos campo de trabajo que el Régimen niega tener abiertos para miles de norcoreanos por diversas condenas y que ha convertido usted en una de sus luchas ante las instituciones de derechos humanos.

Sí. El espacio que ocupa Yodok, tiene una extensión del tamaño de un pequeño pueblo, donde estaba junto a unos 400 prisioneros, todos ellos por motivos diversos motivos de crímenes políticos: por no seguir las ordenes de Kim Jon-Am, antiguos miembros del Partido de los Trabajadores, personas arrestadas por decir cosas que no debían o que intentaron escapar del país… Todos mandados a este campo de esclavos para el Régimen donde nos forzaban a trabajar 16 horas al día, incluso en verano. He visto morir a mucha gente por las heridas y lesiones que les causaba el tipo de trabajo e incluso morir de hambre, había muchos problemas de malnutrición y hambre.

En Corea del Norte la tradición condena no sólo al trabajador sino a su entorno familiar.  ¿Sufrió su familia represalias?

Sí. A mi mujer le obligaron a divorciarse de mí y a mi familia la obligaron a marcharse al campo.

¿Cuándo fue liberado del campo de trabajo?

Me soltaron porque durante mi encarcelación los servicios de seguridad estudiaron mi caso y llegaron a la conclusión de que no era un espía para Corea del Sur por lo que retiraron lo cargos y me liberaron.

Cuando regresé a mi ciudad me encontré con que mi familia no estaba allí y que mis amigos habían tenido que ayudar a mi mujer y mis hijas a huir a China. Para mí no tenía ya sentido quedarme allí sin ellas así que preparé mi propia huida de Corea del Norte.

Arriesgándose a ser detenido de nuevo …

En aquella época el castigo por intentar huir del país era la pena de muerte. Pero en las zonas más pobres la vigilancia no era tan severa como es ahora. Tenía muchos contactos y me ayudaron a escapar a China cruzando el río.

SU BATALLA POR ‘INVADIR’ COREA DEL NORTE
CON PELÍCUAS DE HOLLYWOOD… DESDE EL EXILIO

Es desde el exilio cuando decide iniciar No Chain. ¿Qué le motivó a convertirse en un activista comprometido desde el exilio?

Pensar en mis compañeros prisioneros en el campo de trabajo es lo que me motivó a hacerlo. Empece en 2009 a enviar CD y DVD con información hacia corea del norte porque quería que los norcoreanos supieran que la vida que están viviendo allí está basada en mentiras y para tratar de concienciar de que hay un mundo fuera muy distinto.

Luego he participado con mi testimonio en iniciativas de la ONU relacionadas con la regulación del derecho humano fundamental de la libertad de expresión, y también en campañas de concienciación de otras organizaciones no gubernamentales, y eso me ha hecho más visible públicamente como activista.

La noticia del asesinato del hermano de Kim Jong-un hace pocos meses en una rocambolesca situación sorprendía en los medios internacionales. ¿Cuál es la situación de los disidentes norcoreanos, ha temido alguna vez por su vida?

Lo cierto es que no pienso demasiado en ello, no me he sentido nunca amenazado.

¿Cómo es la situación en cuanto acceso de tecnología en el país?

La sociedad norcoreana vive en el ‘medievo digital’. Puede que apenas el 30% de la población tiene acceso a dispositivos digitales como USB o tarjetas SD, pero cada vez van entrando más y más influencias, no sólo a través de No Chain sino de otras organizaciones activistas, así que poco a poco va creciendo la conciencia de los ciudadanos sobre la situación.

La tecnología evoluciona a gran velocidad ¿Cómo se han ido transformando los métodos de ‘filtrado de información’ de su ONG en estos últimos años?

Al igual que ha habido cambios en los formatos con los que los norcoreanos acceden a contenido del exterior, desde No Chain hemos ido desarrollando también nuevas formas de hacer llegar esa información. Comenzamos utilizando una red humana de contactos para hacer llegar los dispositivos, en un principio CD y DVD principalmente a través de contrabandistas que introducían a través de la frontera del río Tumen mercancía para el mercado negro.

En 2012 comenzamos a mandar USB con información y noticias, contando con comerciantes que introducian los dispositivos como productos oficiales.

A principios de 2014 Kim Jong-Un endurece los controles y se complica el trato con con comerciantes y contrabandistas así que hemos tenido que ir desarrollando nuevas formas de hacer llegar la información.

¿Cómo los envíos por medio de drones?

Sí. Un día en casa vi en las noticias que Amazon iba a empezar a hacer entregas con drones y pensé que yo podía hacerlo también para mis ‘entregas de información’. En 2015 fue nuestra primera misión con dron y, bueno, es un método más barato, rápido y fiable que usar la red humana de distribución. Cada vez que usas a una persona en esta cadena de envío cuesta muchísimo dinero.

¿Cuál ha sido la mayor entrega que han realizado?

En total puedo decir que hemos mandado unos cincuenta o sesenta mil dispositivos con información exterior, entre USB, CD, tarjetas SD…

Pese a lo que inicialmente cabría esperar, el contenido que hacen llegar a sus compatriotas dentro de Corea del Norte no es contrapropagan política al uso, sino que optan por colar populares series surcoreanas o taquillazos de Hollywood como las sagas de James Bond ¿Por qué este tipo de contenido?

Y no sólo eso, también producciones europeas, hemos traducido entradas de wikipedia, hemos mandado contenido que crean los propios ciudadanos, como por ejemplo unos vídeos que grabaron estudiantes de un instituto de Canadá registrando su día a día, mensajes de desertores,… Cualquier cosa que sirva para mostrar cómo es de distinta la vida fuera de Corea del Norte. Los norcoreanos son como ‘ranas en un pozo’ [frogs in a well, dicho oriental], viven continuamente entre las mismas cosas, sin que haya nunca cambios… Así que cualquier cosa por cotidiana que sea es bienvenida. Incluso recibimos encargos a través de nuestra red de contactos dentro del país.

¿Y reciben también algún tipo de feedback sobre el impacto que tienen sus envíos?

Por supuesto. En No Chain utilizamos nuestra red de contactos dentro del país, que está formada por un par de docenas de personas, y también en China para diseminar nuestra ‘mercancía informativa’. Ellos nos transmiten qué resulta más o menos popular entre la gente. Pero no sólo introducimos información, también liberamos información de dentro del país hacia el exterior: fotografías o vídeos sobre la situación en el país, por ejemplo.

¿Cuáles son los próximos planes desde la ONG?

En este año y siguientes queremos centrarnos en extender nuestra influencia en Corea del Norte en lo que respecta a introducir información en el país, denunciar la violación de derechos humanos y en particular de los campos de trabajo por cuestiones políticas.

Es demasiado pronto para revelar los nuevos proyectos que vamos a lanzar enfocados a ofrecer acceso a Internet a la población, aún estamos en proceso de concretar financiación, etc

¿Está en contacto para ello con grandes empresas ya sea de tecnología de consumo o por ejemplo para tratar de implementar proyectos como el ‘Internet Basics’ de Facebook?

Desde hace tiempo hemos estado en contacto con Google y otras grandes corporaciones valorando las posibilidades de llevar Internet a la población, incluso durante este Internet Freedom Festival en Valencia. Y también con otras compañías tecnológicas pero es pronto para desvelar nada.

El acceso a Internet es otra de la carencias de los norcoreanos. Un fallo en uno de los servidores de la red nacional propia con la que funciona el país dejó al descubierto en septiembre de 2016 que la particular ‘World Wide Web’ norcoreana apenas cuenta con 28 páginas web, todas ellas con un claro tinte propagandista y según los últimos datos disponibles del Banco Mundial (registrados hasta 2012) la penetración de Internet entre la población es del 0%.

¿Hay alguna voluntad por parte de los países vecinos, Corea del Sur o China, en ayudar a crear infraestructuras en las fronteras que puedan dotas de conexión a los norcoreanos?

De estos dos países, obviamente China nunca va a interceder en algo así. Y Corea del Sur no tiene mucho interés en tomar parte por esta cuestión en particular, creo que los cambios y avances tienen que venir por parte del entorno del activismo y ONG internacionales que en colaboración con otros grupos de apoyo a las libertades de información y expresión.

Confía más en la ayuda de gobiernos como el de Estados Unidos, a cuyo presidente, Donald Trump, ha dirigido recientemente una carta abierta pidiéndole que interceda. ¿Ha recibido alguna respuesta?

Envié la carta al presidente Trump porque, como activista y disidente, creo que debe estar al tanto de la situación de la población cuando tenga que tratar con Corea del Norte. Por el momento, no hemos recibido respuesta por su parte o de su círculo directo pero otras fuentes oficiales gubernamentales nos han transmitido la seria preocupación de la Administración Trump con lo que sucede en Corea del Norte y de encontrar formas para cambiar la situación en el interior del país.

En uno de los países más herméticos del mundo donde el control sobre lo que dice y piensa la gente es vital para la supervivencia del sistema, que incluso cuenta con un sistema operativo informático propio llamado Red Star OS, con el que puede espiar a la población, habrá represalias si alguien es pillado con este tipo de material entre manos…

Se está produciendo un cambio en la sociedad norcoreana. Por ejemplo, el castigo por acceder a este tipo de dispositivos tecnológicos y ser pillado viendo contenido prohibido por ley es menos severo que en el pasado, en parte también, porque quienes están encargados de controlar este tipo de actos consumen también este tipo de contenidos.

El propio Régimen cuenta con canales de propaganda al exterior en plataformas como Instagram o YouTube, por ejemplo ¿Cree que Kim Jung-un se encuentra entre la encrucijada de ser él mismo parte de la generación digital pero al mismo tiempo ser consciente de los riesgos que puede conllevar una apertura del país a las infinitas puertas de Internet?

No creo que los pequeños cambios en la sociedad tengan nada que ver con Kim Jung-Um porque lo último que él quiere es que la gente tenga tenga mayor acceso a información y esté mejor informada. Ese es un verdadero miedo.

Pero sí observa cierto cambios en el trato entre Kim Jong-un y su padre, por ejemplo.

Absolutamente. El sentido de lealtad y obediencia hacia el líder se ha resquebrajado en comparación con el que el pueblo tenía hacia Kim Jung-il e incluso en la era de Kim Il-sung, por ejemplo has personas que ya no utilizan el término ‘honorable’ para referirse a Kim Jong-un, algo impensable en el pasado, y creo que está habiendo ligeros cambios en la sociedad.

¿Cree posible en Corea del Norte una revolución al estilo de la Primavera Árabe incentivados por las redes sociales?

Sí, veo posible en el futuro que algo así pase. Esa primavera llegará a Corea del Norte llegará.

¿Volvería a Corea del Norte entonces?

Por supuesto que volvería. Mi deseo es poder volver al norte de una Corea reunificada.

 

 

 

 

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